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PASEO GRAN PASEO

Por Iván  Contreras R. Prof. Emérito U de Concepción Hijo Ilustre de Purén
Contulmo- Purén – Los Sauces – Traiguén-Galvarino

A partir desde Contulmo en veinte minutos estaba en Purén y seguí  hacia Los Sauces por aquel camino
que cruza lomas amarillas y anaranjadas del trigo recién cortado y recogido.
Quiero ver el paisaje para hacer algún apunte del juego de las colinas que se alejan hacia el horizonte hasta  encumbrarse  en la montaña de rosados y cobaltos cambiando notablemente la armonía de los cálidos planos primeros.
 Me detuve en Centinelas donde siempre me detengo porque existe la posibilidad de la visión de alturas, hondonadas, lomas y la horizontalidad de los pajonales en donde se adivina el lento transcurrir del río Purén entre los montes de aguas de temos y pitras.

En Los Saucesel camino se bifurca hacia Angol y Traiguén; de las dos rutas que auguran una geografía parecida muestran más abierta la que va al sur, parecida a un tobogán y escogí ésa, porque quiero llegar más lejos  y muy pocos vehículos se cruzan conmigo en esa hora de la tarde soleada. Paso por Traiguén que queda a la izquierda y la calle de ingreso se extiende quieta hacia el oriente. Después de rodear la ciudad, una hermosa subida me lleva hacia Victoria y en ella algunos trigales están  aún en pie guarnecidos por  macizos de flores silvestres y esas cardas hermosas y decorativas.
En Victoria ingreso a la gran carretera hacia el sur  que obliga preocuparse de la conducción y en Lautaro escapar de ella para iniciar el regreso por un camino paralelo.
Ya en el camino regional veo  que van unas jóvenes caminando livianamente, como danzando, que me hacen señales de detención y yo no desconfío estacionando
a orillas de la ruta. Siempre como danzando se acercan y como yo les preguntara  que necesitan me dicen  que “desean conversar solamente”. Son jóvenes hermosas de características diferentes y así en grupo bastante despercudidas.
Viven en diversos lugares de esos campos de la Araucanía y se habían reunido para pasar una buena tarde calurosa de verano junto al río cercano. La conversación va rápido y empiezan a entrevistarme. Quieren saber que hago yo y claro se sorprenden de conocer mi profesión de artista pintor. Son ágiles en sus preguntas y eso facilita mi expedición. Que sabían que existían los pintores pero nunca habían conocido a uno. Como  llevo conmigo mis libretas de cróquis pude mostrarles la que usaba  ese día con apuntes anteriores de retratos de
amigos y paisajes, dos o tres recientes en las cercanías de Purén.
Luego empezaron ellas a contar síntesis de sus vidas como hijas de campesinos de esos parajes. Una de ellas, Angélica, de baja estatura y con una cara también pequeñita,  de ese tipo de mujer chilena que conservará su rostro de niña hasta la ancianidad estaba decidida a acompañar a sus padres por mucho tiempo. “Y también al Arturo” le agregan con sorna las amigas.

Carmen del Sol es alta y fuerte, blanca y de mejillas rosadas ríe con simpatía y cuenta que ella trabaja en Galvarino, pero que se irá a Temuco a emplearse en el comercio o en el Mercado.
Liliana que tiene ojos como de agüita y cabellos rubios me hace pensar que en ella habrá un tanto de sangre de colona cuenta  que está de vacaciones en la parcela de su familia y que aunque no quiere ha de regresar a la casa que mantiene en Santiago uno de los ricos de la región. Por último Olguita, que parece la menor, bastante delgada, expresa queno ha pensado aún que hará de su vida, que ama la compañía de sus amigas y que ya piensa en sus soledades de invierno.
Por entones decido despedirme de esas chiquillas y volver a Contulmo. Que quería conocer Galvarino, pero que ya pasaré de largo en el azul de la tarde. Ha de ser por eso que asocio ese color  con la memoria de ese pueblo.-

 

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