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A LAS MADRES

R. TAGORE

De dónde venía yo cuando me
encontraste?
preguntó el niño a su madre.
Ella, entre risas y lágrimas,
apretó al niño contra su pecho y le
respondió:
Estabas oculto en mi corazón
como un deseo, vida mía.
 
Estabas entre las muñecas
con las que jugaba cuando era niña.
Has vivido en mi vida y en la de mi madre.
Durante muchos años,
has sido acunado en el regazo
del Espíritu eterno que rige nuestra
casa.

 
Cuando en mi adolescencia abría mi corazón sus pétalos,
en él flotabas tú como un hálito perfumado.
Tu tierna suavidad floreció en mi cuerpo
como el resplandor rojo del cielo
que anuncia el amanecer

Primer amor del cielo, que tienes de
hermana gemela 
a la luz del alba,
has bajado al río de la vida del mundo
y te has quedado al fin sobre mi
corazón.
¡Tú, que eras antes de todos, eres
ahora sólo mío!
¿Qué
mágico poder ha puesto
en mis débiles brazos el tesoro del mundo?.

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