CASTAÑO ÁRBOL MUY GENEROSO

  Por Iván Contrereras R Emérito U. de Concepción
                                                                                            Hijo Ilustre de Purén
“Castaña coci…y cali…” era el pregón de los muchachos que en nuestros pueblos, en los barrios de las ciudades o en las estaciones de trenes anunciaba un cálido producto guardado en su canasto entre paños humeantes: las castañas recién cocidas. Esos frutos eran tan apreciados, aún a riesgo de quemarse los dedos para llegar a su pulpa harinosa y dulzona. Se estima que la historia del castaño en Chile se remonta a unos trescientos años y en Europa es conocida de tiempos antiguos y muy apreciada la castaña.
Cuando llegaron los inmigrantes alemanes a Contulmo, en 1884, prontamente plantaron un cerro  cercano con castaños para dulcificar el otoño e invierno de los colonos. Sólo había que ir a recogerlas  en canastos o por sacos. Alcancé a conocer ese castañar hasta que los árboles  murieron de viejos. Ya nadie reemplazó esas añosas y generosas plantas en ese pueblo de la provincia de Arauco ni poder transformar sus frutos en conservas, en almíbar, en puré o participando en otros platos como adorno.
No cabe dudas, Chile es un país especialmente apto para el cultivo de las castañas, sobre todo en lo que hoy llamamos centro sur. Una familia en Yumbel con sólo algunos castaños formando arboleda al ingreso de su campo me contó que cosechaba quince o veinte toneladas que vende allí mismo o en los mercados vecinos. Les favorece que en el país no existe el “hongo del castaño” que es una plaga para los productores europeos y se dice que unas 450 hectáreas serían suficientes para satisfacer los deseos alimenticios del país y que alcanzaría para exportar si se difundiera su cultivo, a partir de plantas mejoradas,  entre los pequeños agricultores de la Región del Biobío. Iniciar plantaciones comerciales de la especie y organizar su tratamiento de acopio y procesamiento convirtiendo la castaña en un producto de gran consumo nacional y de exportación siempre que sabor, calibre y color marrón cumplan con las exigencias de uniformidad.
El castaño, árbol frondoso, cubre y da amplia sombra en el verano que muchas de las actividades  agropecuarias se realizan bajo sus verdes ramas. En otoño torna sus hojas en  hermosos amarillos y anaranjados y se desviste de ellas en invierno. Es tan generoso que uno sólo por allá en el patio surte la estación de sus deliciosos frutos. Ya caídos, su madera es de gran calidad para muebles y confección de variados objetos. 
El castaño es  como un gran benefactor del hombre.                                            
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