DIOS NO PUEDE LLENAR LO QUE ESTÁ LLENO DE OTRAS COSAS

Mc 10,17-30)Dgo 11 de octubre   Madre Teresa de Calcuta)
Comentario Rev. D. Xavier SERRA i Permanyer (Sabadell, Barcelona, España)
Hoy vemos cómo Jesús, que nos ama, quiere que todos entremos en el Reino de los cielos. De ahí esta advertencia tan severa a los “ricos”. También ellos están llamados a entrar en él. Pero sí que tienen una situación más difícil para abrirse a Dios.
 
 Las riquezas les pueden hacer creer que lo tienen todo; tienen la tentación de poner la propia seguridad y confianza en sus posibilidades y riquezas, sin darse cuenta de que la confianza y la seguridad hay que ponerlas en Dios.
 Pero no solamente de palabra: qué fácil es decir «Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío», pero qué difícil se hace decirlo con la vida. Si somos ricos, cuando digamos de corazón esta jaculatoria, trataremos de hacer de nuestras riquezas un bien para los demás, nos sentiremos administradores de unos bienes que Dios nos ha dado.
En nuestro mundo consumista, tenemos tantas cosas que podemos caer en la tentación de creer que nos otorgan seguridad, que nos sostiene una gran cuerda. Pero, en realidad,igual que los “pobres”, estamos colgando de un hilo. Decía la Madre Teresa: «Dios no puede llenar lo que está lleno de otras cosas». Tenemos el peligro de tener a Dios como un elemento más en nuestra vida, un libro más en la biblioteca; importante, sí, pero un libro más. Y, por tanto, no considerarlo en verdad como nuestro Salvador.
Pero tanto los ricos como los pobres, nadie se puede salvar por sí mismo: «¿Quién se podrá salvar?» (Mc 10,26), exclamarán los discípulos. «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios» (Mc 10,27), responderá Jesús.
 
 Confiémonos todos y del todo a Jesús, y que esta confianza se manifieste en nuestras vidas.
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Y, en nuestra condición de laicos bautizados, confirmados, e insertos  en nuestras comunidades ¿cuál es nuestro,compromiso de  entregar parte de nuestro haber espiritual y corporal a los más próximos ?   En nuestro orar diario, renovemos nuestro  Contrato con el Señor…

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